PROYECTO MERCATREMOL
PROYECTO MERCATREMOL
QUÉ ES MERCATREMOL O AL MENOS QUÉ FUE O QUÉ SE PRETENDIÓ QUE FUERA EN EL MOMENTO DE SU FUNDACIÓN
Documento para el debate
Para que veais que no me invento nada, voy a explicar el Proyecto original de Mercatremol siguiendo los pasos del primer panfletillo que editamos y que básicamente es el que tenemos todavía, en el que por una cara explicábamos la Teoría del proyecto y por la otra su Práctica.
(TEORÍA)
¿QUÉ ES MERCATRÈMOL?
Mercatremol es una asociación de consumo responsable preocupada por el inmenso poder y la permisividad de que disfrutan las grandes corporaciones de la alimentación sustentadas únicamente en criterios mercantilistas y sus consecuencias a medio y largo plazo.
Mercatremol, (así como anteriormente Terratremol), nació cuando en la Colla Ecologista acabamos por comprender que los destrozos que la globalización estaba ocasionando en el tema de la alimentación no se limitaban a un problema de pérdida de biodiversidad sino que lo que pretendía el nuevo oligopolio instaurado era obligarnos a comer el pienso que producían a base de someter a los productores del tercer mundo, de realizar prácticas industriales fraudulentas en su elaboración y de imponer sus productos en nuestros mercados. Pero no era solo eso sino que este nuevo paisaje propiciaba la posibilidad de que a través del control sobre la alimentación acabaran sometiendo a la población. Se atribuye a Henry Kissinguer cuando era Secretario de Estado de Nixon en los años setenta el comentario de que si para controlar a una nación bastaba con controlar su petróleo para controlar a un pueblo había que hacerlo con su alimentación. Se puso en marcha acto seguido lo que se dio en llamar el Plan Kissinger sobre alimentación y desde entonces se han promulgado fundamentalmente dos paquetes de leyes: la Ley de Transgénicos y la Ley de Patentes Alimenticias mediante las cuales se permite hoy en día modificar genéticamente los alimentos y patentarlos como si de un invento suyo se tratara, (aunque solo se hubiese modificado un solo gen). Y como quienes tienen capacidad para llevar a cabo tales experimentos tienen asimismo el suficiente poder para imponerlos en el mercado quedaba cerrado con esto el círculo perverso. Era una época en la que Vicente Bordera, primer y principal impulsor de la agro-ecología en Alicante desde su Asociación Bio-Alacant y su granja La Bastida, nos aleccionaba sobre la problemática de la alimentación en unas conferencias que impartía con profusión de datos y que nosotros denominábamos “las charlas del miedo” porque te ponían los pelos de punta. Se acababa de plantear la madre de todas las batallas y había que hacer algo.
Mercatremol nació pues como respuesta a las perversas pretensiones de “los de arriba del todo”.
Pero nosotros no somos mala gente ni tenemos la mente perversa como ellos. Ni nos apetece vivir en el estado permanente de negatividad emocional que exige toda suerte de enfrentamiento. ¿Qué podríamos hacer entonces por la causa?. Pues pensamos que si conseguíamos montar una estructura que ofertara productos de calidad y éticos a un precio razonable quizás podríamos birlarles unos cuantos clientes a esos “de arriba del todo” y que eso, a fin de cuentas, era lo que considerábamos que más les podría fastidiar.
¿CUÁLES SON NUESTROS OBJETIVOS?
-La adquisición de productos de calidad, respetuosos con el medio ambiente y según criterios sociales y de proximidad.
-Abaratar su precio eliminando los costes de distribución e intermediarios para que resulten competitivos y accesibles a la mayoría de la población.
-Alertar sobre la problemática actual de la alimentación y combatirla. Porque:
a) La concentración de la tierra en manos de las grandes empresas nos hace dependientes a los consumidores y a los agricultores de sus productos, que incluso pueden manipular a su conveniencia.
b) Peligra con ello la biodiversidad y, peor aún, la propia subsistencia de gran número de comunidades del planeta.
c) Dado su alto grado de industrialización los mercados no pueden ofrecer productos sanos ni de calidad.
En el primero de los objetivos se esbozaban nuestros criterios de consumo que se resumieron más tarde en tres grandes bloques: el ecológico, el de proximidad y el de pequeña producción. Y considerábamos que en la medida en que consiguiéramos que al menos una parte de la sociedad los asumiese estaríamos contribuyendo a su transformación social. Y eso era lo que planteábamos: Hacia la transformación social por el mero cambio en nuestras pautas de consumo. ¡De repente resultaba que la Transformación Social dependía únicamente de nosotros y no de los de arriba! Y esto era lo que debíamos hacer llegar al personal, que dependía de nosotros y sin apenas esfuerzo. Una ola de positivismo inundó nuestra incipiente Asociación Nos animábamos incluso con la idea de que podíamos incluso cuantificar la transformación social que realizábamos en función del aumento del número de socios que conseguíamos cada mes. Eran tiempos ilusionantes, como veis.
Así que sí que había un fuerte componente político en los principios de la Asociación, entendiendo la política como lo que realmente es: la práctica, (algunos la llaman arte), mediante la cual se defienden socialmente todo tipo de intereses, tanto los públicos como los particulares. Nuestra “misión” era el posibilitar la salida de lo que hoy denominamos “la facking cadena” a la mayoría de la población ofertando productos éticos y de calidad a un precio razonable. Pensábamos que si acabábamos consiguiendo nuestro objetivo, ello habría supuesto indefectiblemente la recuperación, aunque tímida, de nuestros campos y de su biodiversidad y que quizás con la credibilidad conquistada por ello y con la influencia obtenida por nuestro volumen de negocio se podría ir concienciando el grueso de la población y podríamos aportar a la batalla estrategias más ambiciosas.
Empezamos a caminar y pronto llegaron las primeras satisfacciones: La primera fue el sentimiento de dignidad que experimentamos cuando conseguimos escaparnos de “la fuckin cadena”. Y la segunda el sentimiento de complicidad que nos produjo el compartir cada vez con más gente esa sensación.
En la contraportada del panfleto venía la Practica; el modo por el que pensábamos conseguir nuestros objetivos, que transcribo a continuación aunque como vereis hay algunos datos que hoy están ya del todo desfasados.
(PRÁCTICA)
¿CÓMO LO HACEMOS?
Hemos montado una asociación sin ánimo de lucro para obtener conjuntamente y directamente los productos de los proveedores.
¿CÓMO FUNCIONAMOS?
Hemos consensuado una cuota mensual de 10 euros que da derecho a comprar en la asociación. Con ella se pagan los gastos de mantenimiento de la misma permitiéndonos el no cargar en absoluto el precio de los productos.
Con el sobrante del dinero de las cuotas vamos ampliando la gama de productos que tenemos en el local, adquiriendo los utensilios necesarios o incluso contratando a personal.
Organizativamente funcionamos por asamblea. Favorecemos el intercambio de
conocimientos y los debates dentro de la asociación y valoramos las sugerencias.
¿CÓMO SE OBTIENEN LOS PRODUCTOS?
Los productos no perecederos los tenemos en el local y los puedes adquirir durante los días y horas de apertura del mismo.
Los perecederos, (panes, repostería, hortalizas, frutas, carnes...), se obtienen previo pedido, que se efectúan semanalmente por correo electrónico o por el propio tf.
Procedo ahora a hacer algunas reflexiones sobre algunos aspectos de la Asociación que no estaban en el panfletillo:
SOBRE EL CRECIMIENTO:
Estaba claro que no podíamos ponerle coto a nuestro crecimiento si queríamos cumplir con el más importante de nuestros objetivos pero sin embargo todos teníamos en la mente un tipo de asociación familiar, autónoma y autogestionaria, donde todos nos conociésemos y donde nuestros chavales creciesen en armonía, al estilo de los antiguos colmados de pueblo o los economatos de ciudad. ¿Cómo pues podrían compaginarse ideales tan aparentemente contrapuestos? Pues pronto lo solucionamos: configurando Mercatremol como una estructura federal a imagen de la que disfrutan Ecologistas en Acción y otras muchas asociaciones.
El Proyecto Mercatremol una vez desarrollado consistiría por lo tanto en una estructura formada por una serie de “espacios de compra” federados entre sí, que asumiesen los criterios y las características antes relatados. Pero, ¿qué significa eso de “federados entre sí”? Pues que cada uno de esos “Espacios de compra” aportaría un dinero a través de las cuotas de sus socios, (un euro por socio más o menos habíamos pensado)*, y una serie de voluntarios, (no más de tres o cuatro), para la financiación y el mantenimiento de la Federación, como hacen todas las organizaciones que funcionan con este sistema. Y ¿qué se conseguiría con este sistema federal? Pues en primer lugar ser consecuentes con el objetivo de crecimiento; en segundo lugar mantener el ideal de “espacio de compra” que todos deseamos; en tercer lugar la credibilidad social que nos proporcionaría el ser una gran estructura; en cuarto lugar, el abaratamiento de no pocos productos que podríamos comprar en común; en quinto lugar, el disponer de una estructura con capacidad económica que nos protegiese frente a las tácticas de permisos y multas, (legalitis), con la que se prevé que en un futuro pretendan cargarse el movimiento de asociaciones de consumo; en sexto lugar, para facilitar la creación de nuevos “espacios de compra” que nos hicieran más fuertes porque todos sabemos que no hay ahora mismo muchos más de los que hay por lo que cuesta empezar desde cero; y en séptimo lugar, para demostrarnos a nosotros mismos y al conjunto de la sociedad que el sistema de funcionamiento horizontal con el que nos gustaría relacionarnos y que pretendemos ofrecer como alternativa es perfectamente viable todavía, porque en caso contrario tendríamos que reconocer que estamos viviendo de los dogmas del pasado y habría que empezar a intentarlo de otra manera.
Cada “espacio de compra” podría tener su autonomía y decidir incluso su cuota interna, su nº de socios o si contrata o no a algún trabajador. Tan solo tendría que asumir los criterios de consumo de Mercatremol, no cargarle a los productos y contribuir, como hemos explicado antes, al mantenimiento y a la financiación de la Federación.
En la práctica, y dado que tenemos un montón de socios de San Vicente, habíamos pensado efectuar el primer desdoblamiento en esa localidad. Y lo habíamos pensado hacer de la siguiente manera:
En primer lugar establecer el nº de socios necesario para mantener todos los gastos de nuestro local. Dedicar las cuotas de los veinte o treinta siguientes a capitalizarnos un poco y, a partir de ahí, disponer de las de los que siguiesen entrando para proporcionar los recursos necesarios al nuevo “espacio de compra”.
*El euro por socio para la Federación podría incluso no salir del bolsillo de nadie pues si se dedicase la cuota de uno de cada diez socios de un “espacio de compra” para este cometido, tan solo habría que aumentar un 10% el número de socios del mismo. Es decir, que si en un “espacio de compra” decidieran no ser más de doscientos socios pero no quisieran tampoco pagar un euro más de cuota para la Federación, tendrían que admitir a veinte socios más y destinar a ella su cuota íntegra.
SOBRE EL VOLUNTARIADO.
Todos sabemos que la exigencia de voluntariado perjudica al crecimiento de cualquier Asociación. Y es que cada uno de nosotros tiene ocupaciones o aficiones que quiere o debe priorizar y está en su derecho no siendo ésta razón para que se le niegue a nadie la posibilidad de disfrutar de nuestra oferta de mercado. Por lo tanto, la gestión de los “espacios de compra” debería estar lo suficientemente profesionalizada como para que no fuese necesaria la obligatoriedad del “voluntariado”. Porque si añadimos a nuestra oferta de calidad y ética a precio razonable una cuota de voluntariado ésta dejaría de ser atractiva.
“Tan solo a través del hecho simple y rutinario de hacer la compra con nuestros criterios se está contribuyendo a la transformación social.” Esa debería ser nuestra oferta de consumo ético a la sociedad.
Ahora bien, de puertas para adentro, todos conocemos la importancia que en nuestro organigrama tiene el voluntariado ilusionado.
Otro tema a tratar con relación al voluntariado es su derivación a cuestiones referentes a la Soberanía Alimentaria que tanto nos preocupa. Y es que, ¡qué bien nos vendría que al menos la mitad de las reuniones que se celebran en nuestra Asociación sobre temas domésticos lo hicieran sobre transgénicos, semillas u otras cuestiones importantes que también nos atañen. Si la Federación dispusiese de un equipo de sensibilización no haría falta que cada “espacio de compra” tuviese el suyo y todos estos socios podrían dedicarse a ello.
SOBRE NUESTROS CRITERIOS DE CONSUMO
El primero de ellos, el ecológico, debe ser incuestionable mientras que con los otros dos no sucede lo mismo. Y esto es así porque si fuésemos tan estrictos con el segundo y tercer criterios como con el primero no tendríamos apenas productos en nuestras estanterías y no podríamos ser alternativa de nada.
Inventamos para esto en los inicios el término de “mejora”, que quiere decir que cuando un producto que querríamos tener no lo encontrábamos cumpliendo estrictamente con los criterios de proximidad o de pequeña producción lo que debíamos hacer era adquirirlo y meterlo en la carpeta de “mejora”, que significaba que continuaríamos buscando hasta encontrarlo en las condiciones óptimas según nuestros criterios. ¿Cómo si no podríamos disfrutar de la mayoría de los productos que llenan hoy nuestras estanterías?.
Una consecuencia del proceso de concienciación social que sobre el criterio de “ecológico” se está llevando a cabo paulatinamente en la sociedad es que las grandes productoras y distribuidoras se han hecho eco del asunto y han introducido líneas de productos “ecológicos” en sus estanterías para no perder a los nuevos consumidores sensibilizados y para muchos de los nuestros este hecho ha supuesto una gran desilusión. Pero no tiene por qué porque era un hecho previsible y es indicador de que vamos por el buen camino. Es un éxito de nuestro trabajo. Ahora bien, este hecho ha abierto un nuevo frente en la batalla que es el de informar y concienciar de que los productos “ecológicos” de las grandes multinacionales nunca podrán ser de igual calidad que los de los pequeños productores. En la Asociación ya estamos descubriendo cómo la legislación sobre sellos ecológicos es cada vez más permisiva debido a la presión de las grandes interesadas en que sus productos los lleven. Y esto es un fraude que más tarde o más temprano habrá de salir a la luz. Un huevo del Corte Inglés no es lo mismo que un huevo de los nuestros; un pollo de Mercadona no tiene nada que ver con otro de los nuestros y nuestra carne de la Alpujarra no se encuentra en ningún otro rincón de la ciudad. Y es que la producción en cadena nunca podrá ofrecer la calidad que ofrece la pequeña producción.
En este sentido, en el campo de la agricultura estamos viendo como los invernaderos almerienses están produciendo cada vez más en “ecológico” debido a la demanda creciente que tienen estos productos en Europa. Pero ya están saltando las alarmas porque los consumidores europeos empiezan a protestar por la baja calidad de estos productos… y su alto precio.
Pues en el marco de este nuevo frente, el movimiento de asociaciones de consumo ya ha inventado una nueva denominación para nuestras hortalizas: que no es otro que “agro-ecológicas”, que significa que están cultivadas según las leyes de la biodiversidad. A ver cómo entran ahí las grandes multinacionales y con qué precios.
Y es que los criterios de pseudo-ecología y de proximidad podrían llegar a asumirlos las grandes multinacionales pero el de pequeña producción no se lo salta un caballo. Es por eso que es en él en el que debemos incidir con más vehemencia porque él será el que acabará delimitando nuestro territorio.
Otra pregunta que nos podríamos plantear sobre este tema es de qué manera gestionaríamos “el fresco” en una asociación de grandes dimensiones puesto que se han dado casos en los que asociaciones de consumo que han crecido mucho han acabado cambiando pequeños agricultores por otros bastante más grandes por simple operatividad. Y es éste un error en el que no deberíamos caer nunca; por no abandonar a nuestros pequeños agricultores y por la merma de calidad que ello supondría. La solución sería que cada “espacio de compra” tuviese sus propios agricultores y que éstos estuviesen relacionados entre sí para compensar las faltas de unos con los sobrantes de otros. A día de hoy, algunos de nuestros agricultores ya han iniciado el camino de la cooperación.
Supongo que entendereis que no es, según nuestro criterio, más pequeña producción un huerto en una terraza en un ático que otro de una hectárea de terreno al igual que una terraza en Palmeretas no cumpliría mejor con el criterio de proximidad que otra de Benalúa. Pues de la misma manera no se debería considerar más próximo a nosotros a un agricultor de Elche que a otro de Crevillente o de Orihuela ni más grande a uno que cultiva diez hectáreas que a otro que lo hace con una sola.
¿Qué pautas habría que seguir entonces para evaluar ambos criterios?
Lo que se pretende con el criterio de proximidad es evitar los grandes canales de distribución que suministran a las grandes distribuidoras alimentos de cualquier parte del mundo.
Por lo tanto, el criterio de proximidad para cualquier “espacio de compra”, se encuentre donde se encuentre, debería fluctuar según la distancia a la que se encontrase la zona de vega más cercana. En nuestro caso tenemos mucha suerte porque en el ámbito provincial tenemos varios ecosistemas que pueden suministrarnos prácticamente la totalidad de hortalizas de temporada.
Pero siempre quedan productos que no se cultivan entre nosotros y el traerlos o no podría llegar a ser motivo de discrepancia entre los socios. Ahí se quedaría una puerta que deberemos abrir o cerrar más o menos según consideremos en cada ocasión teniendo en cuenta por una parte el que nuestra oferta de productos debería ser lo suficientemente amplia como para atraer al conjunto de la población y competir en el mercado, y por otra el ser lo más fieles posible a nuestros principios. Un camino que emprendimos en un principio en la Asociación y que considero bastante razonable es el de señalar en las etiquetas de las cajas si tales tomates son de invernadero o si los plátanos o los mangos vienen de Canarias o de Nerja. De esta manera se rebajaría el consumo de estos productos en la Asociación sin tener que prohibirlos. Es lo que estamos haciendo desde el principio con la carne, los huevos o los lácteos, que algunos socios no consumen por criterios parecidos.
Para evaluar el criterio de “pequeña producción” en el tema del fresco también habrá que hilar fino pero básicamente podría considerarse pequeña producción al agricultor que vendiese únicamente en el ámbito de lo local antes descrito. Las dudas respecto a este criterio ya han empezado a crear problemas en nuestra Asociación. Problemas, eso sí, que sabemos que compartimos con otras Asociaciones de consumo porque salieron en la última reunión del área de agro-ecología, de Ecologistas en Acción que se celebró en un pueblo de Cuenca el otro día y a la que asistimos Rafa y yo.
Y es que hay en nuestro movimiento dos tipos de agricultores: los que ya están asentados, (porque llevan muchos años intentándolo), legalizados, tienen más conocimientos prácticos y también más gastos y nos pueden ofrecer una cierta estabilidad de producción; y los que empiezan ahora ilusionados, algunos de ellos socios de las asociaciones de consumo que se han animado a su abrigo y con los que tenemos lazos de amistad. Difícil papeleta la de compaginarlos a los dos pero, ¿qué criterios deberíamos seguir ante este problema? Pues tenemos una lista de prioridades entre las que se encuentran la fidelidad, la propiedad de la tierra, el que se viva de ella, el apoyar a nuevos productores y a los que habiendo plantado en convencional transforman sus fincas a ecológico y otras cuantas más que ahora no recuerdo. Pero una cosa tenemos que tener meridianamente clara, (y lo digo con éste énfasis porque el no haberla tenido en cuenta últimamente nos está ocasionando graves problemas), y es que un número determinado de socios dan de comer a un agricultor y que es preferible dar de comer a uno solo que de malcomer a unos cuantos. Así, el aumento del número de agricultores tiene que ir siempre íntimamente ligado al del número de socios. En estos momentos tenemos demasiados agricultores para los socios que somos cosa que solo podríamos remediar prescindiendo de alguno de ellos o procurando que crezca la Asociación.
SOBRE LA LEGALIDAD
Si pretendemos convertirnos en una opción de compra para el conjunto de la sociedad debemos trabajar dentro de las reglas que la rigen. Aunque todos sepamos que es una normativa impuesta por los grandes en su propio beneficio. Pero no podemos permitirnos el que nos tumben el proyecto por cuestiones de legalidad.
Para cambiar la legalidad hay planteada una lucha que es la de la Soberanía Alimentaria y unos instrumentos desde donde hacerlo que son las Plataformas por la Soberanía Alimentaria de cada territorio. Antes o después lo conseguiremos pero mientras tanto habrá que acatar la legalidad vigente.
Hecho aparte es que desde el limbo legal en el que en algunos aspectos se encuentra el movimiento de asociaciones de consumo podamos sortear algunos preceptos y apoyar, por ejemplo, a nuevos productores hasta conseguir su definitivo asentamiento.
SOBRE LA POLÍTICA DE NO CARGARLE A LOS PRODUCTOS
El no cargarle absolutamente nada a nuestros productos no es un capricho de nuestra Asociación sino que encierra toda una filosofía.
En primer lugar, los productores son el gremio más perjudicado dentro del engranaje de la “fackin cadena” y es con éste sistema nuestro que consiguen recuperar su protagonismo y hasta su dignidad. Son los grandes beneficiarios del sistema de Mercatremol.
En segundo lugar, el que entre todos los socios “financiemos” Mercatremol nos convierte en co-propietarios de la Asociación, cosa ésta que también nos dignifica.
Y en tercer lugar, el ser propietarios de la “distribuidora” que es en realidad la Asociación nos proporciona un beneficio económico, (el abaratamiento de los productos), pero como contrapartida nos exige una cuota de responsabilidad, que también nos hace dignos.
Así que es básicamente DIGNIDAD lo que nos reporta este sistema.
Pero… ¿no es precisamente eso lo que demandamos a la sociedad?
¿No es eso lo que más ansiamos recuperar?
Ahí está el movimiento de los Indignados.
SOBRE LOS TRABAJADORES
Últimamente nos hemos visto obligados a prescindir de las trabajadoras del local para intentar salvar la Asociación que, como sabeis, se encuentra al borde de la quiebra; y ha sido esa una medida ha provocado no pocas fricciones entre nosotros y algún abandono. Pero he de decir aquí que el salvarla significa el que no caigan también lnuestros agricultores que tienen las cosechas plantadas para nosotros; ni los panaderos, ni las reposteras, ni el ganadero de la Alpujarra, que por fin está viendo la luz; ni el señor de los huevos; ni la pareja de Bio-Vegetalis, por nombrar solo a los que más lo notarían. Por ellos en gran parte es por quienes se está haciendo el esfuerzo de salvar la Asociación. Por ellos y también por el Proyecto. Por todos que habrán de venir a nuestra puerta en un futuro cercano.
SOBRE EL MODELO MERCATREMOL
Este era el proyecto originario de Mercatremol pero ya hace un tiempo que oigo voces discordantes argumentando que la gente que ha entrado después ya no está por esa labor. Yo siempre he mantenido que quien entrase en una asociación debería respetar al menos sus principios y sus objetivos y ponía como ejemplo el que si a alguien le gustaba el baloncesto debería apuntarse al Lucentum y no al Hércules y que, en cualquier caso, si se decidiera por lo contrario por lo atractivo de su estadio o por cualquier otra razón lo que no debería en ningún caso es dar la murga todo el día para que el Hércules jugara al baloncesto. Pero como en los inicios cometimos el error de no redactar explícitamente unos estatutos sino que los copiamos simplemente de los de Terratremol por no darle importancia a los legalismos ni a los papeleos pues hoy no se puede exigir a ningún mercatremolero una lealtad a ningún modelo de proyecto
Y es que existen dos modelos contrapuestos en el espectro de las Asociaciones de Consumo; el que prioriza el crecimiento y el hacerse valer dentro de la Cadena de Consumo como el que acabo de exponer y otro que prioriza la pureza interna del grupo y una visión más integral del conjunto de la Asociación promulgando la participación en la gestión de todos los socios y manteniéndose en número reducido.
No diré más de ese otro modelo porque habrán de ser los que lo comparten los que lo expliquen con detalle pero vaya por delante que yo personalmente lo considero tan respetable como el que más.
Pero sí que explicaré que en Mercatremol llevan ya estos dos modelos un tiempo remando en sentido contrario y que esto ha ocasionado no poca desazón e incluso algunos roces personales. Y también quiero haceros saber que cuando se empezó a preparar la última Asamblea, (con un mes de antelación), se pactó a instancias de Samuel que fue el gran conciliador entre los grupos el no sacar las diferencias a relucir y centrar el debate en el saneamiento de la Asociación al encontrarse ésta al borde de la desaparición. Es éste, pues, un debate pendiente que prontamente habrá de realizarse porque son modelos contrarios especialmente en lo relativo al crecimiento.
Nosotros pensábamos haber abordado el debate inmediatamente después de saneada la Asociación y tras él haber preguntado a cada socio en qué proyecto se quedaría en caso de escisión. En el caso de que nuestro proyecto hubiese salido mayoritario los del otro proyecto lo habrían tenido que asumir o abandonar la Asociación para montarse otra a su gusto, opción esta para la que hubiesen contado con todo nuestro apoyo. Para el caso en que hubiese sido el otro proyecto el vencedor, nosotros ya habíamos tomado la decisión de abandonar Mercatremol y seguir con nuestro Proyecto en otra parte porque lo consideramos imprescindible en el camino hacia la Soberanía Alimentaria. Pero para el caso en que el resultado hubiese sido parejo, o con un número significativo de socios en cada bando nosotros pensábamos haber propuesto una “escisión civilizada” que consiguiera entre todos la supervivencia de los dos proyectos hasta que cogiesen fuelle por sí mismos.
Pero los acontecimientos desencadenados con posterioridad a la Asamblea en los que ha abandonado la Asociación prácticamente la totalidad de los abanderados del proyecto integral a trastocado nuestros planes.
Veremos que hacemos ahora.
Va, mientras tanto, este documento para el debate.
Que tengais dulces sueños.